Los Tres Magos desconocidos

El Expresso de Puerto Rico 27 December, 2018 0
Los Tres Magos desconocidos

Los Magos traen regalos en sus alforjas y también vienen cargados de un enigmático pasado: no eran reyes, ni tampoco tres; no tenían sus nombres actuales; Baltasar no era negro y su fiesta tampoco era el 6 de enero…

Por Ricardo Segura
EFE / REPORTAJES

Melchor, Gaspar y Baltasar, los Tres Hombres Sabios, los Reyes Magos, sus Majestades de Oriente o simplemente “los magos”.

Detalle de una pieza medieval que muestra una representación de los tres magos junto a la virgen María con el niño Jesús, exhibido en la exposición The Three Wise Men—Myth Art and Cult, en Colonia (Alemania).

Detalle de una pieza medieval que muestra una representación de los tres magos junto a la virgen María con el niño Jesús, exhibido en la exposición The Three Wise Men—Myth Art and Cult, en Colonia (Alemania).

A los tres hombres que se guiaron por una estrella para llegar hasta Belén y adorar al Niño Jesús, se los conoce por distintos nombres, aunque todos saben quiénes son, sobre todo los niños.

Estos personajes llegan cada año cargados de regalos, pero también de numerosos secretos, como una serie de aspectos poco conocidos sobre su tan cambiante como agitada existencia.

“De ellos en realidad solo sabemos que los mencionó Mateo en su Evangelio, pero la tradición ha hecho maravillas con esos pocos datos”, señala el doctor en psicología y periodista de investigación, Pepe Rodríguez, autor de “Mitos y tradiciones de la Navidad”.

La adoración de los Reyes Magos ha sido una de las escenas más celebradas por la iconografía religiosa hasta el siglo XVII y ha sido la fiesta infantil por excelencia durante parte del siglo XIX, el XX y el actual XXI, según Rodríguez, pero en la historia de estos personajes hay más enigmas que verdades.

Son “tan celebrados como desconocidos, y su trayectoria histórica merece un capítulo aparte”, enfatiza este investigador.

NO ERAN TRES, NI TAMPOCO REYES

En el Evangelio de Mateo (Mt.2:1-12) se cuenta una serie de hechos sobre uno magos que llegaron del Oriente a Jerusalén, una vez nacido Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, explica Rodríguez.

Las pinturas de Hans Holbein el Joven, tituladas El nacimiento de Cristo (izq.) 1520, y La adoración del Rey Mago (der.), 1520.

Las pinturas de Hans Holbein el Joven, tituladas El nacimiento de Cristo (izq.) 1520, y La adoración del Rey Mago (der.), 1520.

“Si releemos esos versículos concluiremos que de esos ‘magos’ solo conocemos que eran varios, visitaron a Herodes, adoraron al niño Jesús ofreciéndole presentes y que tuvieron un sueño que les hizo regresar a alguna parte por otro camino también desconocido”, añade.

Según Rodríguez no hay forma alguna de saber cosas tan elementales como pueden ser su número, edad, aspecto, raza, nombre, atuendo, estatus o procedencia, ni responder a estas preguntas: ¿cómo pasaron de magos a reyes?, ¿magos de qué?, ¿reyes por qué y de dónde?

“En el texto de Mateo no se responde a nada de esto, tampoco en el resto del Nuevo Testamento, ni en las crónicas históricas de la época. ¿De dónde salieron, pues Melchor, Gaspar y Baltasar?

Gracias a las afirmaciones de los teólogos y padres de la Iglesia: Orígenes (hacia184-hacia 254) y Tertuliano (160-220), la cristiandad se encontró en los primeros siglos de nuestra era con tres reyes, no magos, a los que se denominó “Reyes Magos”, para casar la tradicional nomenclatura de Mateo con su supuesta personalidad real”, apunta.

“El hecho de que durante los tres primeros siglos no hubiese noticia concreta y consensuada sobre cuántos eran, cómo se llamaban y a qué se dedicaban, me resulta fascinante”, enfatiza el investigador.

SUS NOMBRES EN EL SIGLO VI

En el texto “Excerptiones Patrum”, que es atribuido al anglosajón Beda el Venerable (673-735), un doctor de la Iglesia, se lee que el primero de los magos fue un anciano llamado Melchor; el segundo fue un joven imberbe llamado Gaspar; y el tercero fue un hombre de tez morena llamado Baltasar, según explica Rodríguez en su libro.

“Por otro lado, hacia el año 845 (Era Común), el ‘Liber Pontificalis’ de Agnelo de Rávena (Italia), es citado a menudo como el primer texto en que aparecen los tres nombres. Agnelo habló de Melchior, Caspar y Balthasar que, respectivamente, ofrecieron mirra, oro e incienso”, añade el periodista e investigador.

“Estos tres nombres, aunque ya quedaron instituidos de cara al futuro, fueron tan arbitrarios y ficticios como los que pretendieron adjudicarles en otras partes: Apellicon, Amerim y Serakin, entre los griegos cristianizados; Kagpha, Badadilma y Badadakharida, en Siria y Ator, Sater y Paratoras, en Etiopía”, de acuerdo a este investigador.

LA FIESTA DEL 6 DE ENERO

“A principios del siglo III de la Era Común, antes del año 194 según otras fuentes, las Iglesias orientales, coincidiendo con el día de la celebración pagana del nacimiento del dios griego Aión o Eón, símbolo del Tiempo Nuevo, instauraron la fiesta de la Epifanía (del griego ‘Epifaneia’, apariencia)”, explica Rodríguez.

“Esa jornada, el 6 de enero, los cristianos orientales no solo conmemoraban el natalicio de Jesús, sino también su bautismo, su primer milagro y la adoración de los magos persas”, añade.

“En Occidente, en cambio, no comenzó a celebrarse la adoración de los magos hasta el siglo V y entonces, dado que ya se había fijado la Navidad en el 25 de diciembre, se decidió separar ambas festividades, y se reservó el 6 de enero para conmemorar la Epifanía, la manifestación de Jesucristo al mundo a través de los magos de Oriente, su bautizo en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná”, indica Rodríguez.

“Para los cristianos, tanto orientales como occidentales, esta festividad siempre ha mantenido una gran importancia en el calendario litúrgico y en la tradición civil y presumo que así continuará”, concluye Rodríguez.

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