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El cisma de los tres papas Correo electrónico
Miércoles 13 de Marzo de 2013 09:09
Por JORGE SAINZ

CIUDAD DEL VATICANO (AP) —
Mientras se debate sobre una supuesta bicefalía entre Benedicto XVI como papa emérito y el nuevo pontífice que salga elegido del cónclave, la realidad es que la Iglesia Católica llegó a tener tres papas simultáneamente.

La historia sólo reconoce oficialmente a uno. El resto son los llamados antipapas, un nombre con el que se designa a aquellos que se arrogan el título de romano pontífice sin tener derecho.

Gregorio XII fue el último papa en renunciar al pontificado antes de Benedicto XVI. Lo hizo hace casi 600 años para evitar un cisma que por razones geopolíticas amenazaba la unidad del catolicismo. Muchos han querido establecer paralelismos con la salida de Benedicto XVI por la cantidad de problemas que enfrenta la Iglesia desde que se conocieran escándalos como los de abusos sexuales a menores y las filtraciones de documentos confidenciales del caso Vatileaks.

"Fue uno de los conflictos más complicados de la historia de la Iglesia", dijo Fermín Labarga, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra en España. "Pero la renuncia de Gregorio XII no es similar a la Benedicto XVI, porque estaba condicionada a un acuerdo previo".

"Se supone que ahora no habrá problema entre los dos papas, porque si no, Benedicto XVI no hubiera asumido ese título de papa emérito", agregó.

El llamado Cisma de Occidente comenzó en 1378 y se resolvió con la salida de Gregorio XII en 1415. La influencia de los reyes de Francia había trasladado el Vaticano a la localidad de Aviñón durante buena parte del siglo XIV, mientras Roma clamaba por el regreso del pontífice.

Más que una cuestión de fe, las razones de aquella pugna eran políticas.

En el cónclave de 1378, 16 cardenales, de los cuales 10 eran franceses, eligieron al italiano Urbano VI como pontífice. Decidió establecerse en Roma e iniciar una profunda reforma de la Iglesia.

Aunque le habían apoyado inicialmente, la decisión no gustó a un grupo de 12 cardenales franceses, que por su cuenta invalidó aquella elección y proclamó como papa a Roberto de Ginebra —Clemente VII_, quien se instaló en Aviñón.

La ruptura obligó a Europa a posicionarse. Mientras Inglaterra apoyaba al pontífice romano, Francia defendía lo suyo y reinos como Castilla trataban de mantenerse neutrales.


 
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